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El majestuoso Jaguar es el felino más grande del continente americano, solo superado globalmente por el tigre y el león. En Colombia, habita casi todo el territorio nacional: desde el Caribe y los bosques húmedos del Chocó, hasta la cordillera de los Andes, siendo la Orinoquía y la Amazonía sus más grandes refugios. A diferencia de otros felinos, el Jaguar es un excelente nadador que no teme al agua, utilizando ríos y ciénagas como rutas de caza y desplazamiento dentro de su amplio territorio.
Es el cazador más grande de américa, acecha a su presa con una concentración total, sin desviarse de su objetivo hasta alcanzarlo. Es una especie sombrilla. Esto significa que protegerlo implica la conservación de grandes extensiones de hábitats naturales conectados, esenciales para mantener su población. Posee una de las mordidas más potentes entre los felinos, lo que le permite perforar los caparazones de las tortugas y los cráneos de sus presas con notable determinación. Apoyar a este felino es, en esencia, apoyar la conservación de grandes y diversos ecosistemas del país.


Lamentablemente, este depredador estratégico y vital enfrenta amenazas que provienen directamente de nuestra actividad: la pérdida y fragmentación de su hábitat, el conflicto humano-animal, la caza furtiva y el tráfico ilegal. Estas acciones diezman sus poblaciones en todo el territorio.
Su imponente cautela y su instinto de estratega no son suficientes. El Jaguar depende de nosotros para detener los factores que lo amenazan. Debemos aprender a apreciarlo en la distancia, respetar y proteger su entorno, y entender que, para que pueda prosperar, él solo necesita nuestra ausencia.

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